God gives everything he is to us. How should we respond? | Dios nos da todo lo que es. ¿Cómo debemos responder?

April 21

 

Dear Families and Friends of St. Francis Xavier Parish,

“I lay down my life in order to take it up again. No one takes it from me, but I lay it down on my own. I have power to lay it down, and power to take it up again.”

“No one takes it from me, but I lay it down on my own,” Jesus says in our Gospel reading. What is that? Generous love. Self-gift. Sacrificial giving. God gives everything He is, to us. He doesn’t just share it, He loses it, He gives it up, for our sake. Think of the sorrowful mysteries; think of the Stations of the Cross.  What is our response? What is your response? What could we even do in response, in the face, of that kind of love for us? 

It’s been said, “The cost of Christianity is simple. It’s no less than everything.” We don’t owe God a percentage of our lives, of our existence, of our attention, our love. We owe God everything. Not only because He gave everything for us, but because the only thing we have of eternal value is salvation, and the eternal salvation of others. And everything else is dust in the wind. 

When God asks (commands) us to do something, it has multiple dimensions, more than we can often know, because He and His intellect, his Word, are infinite. When He commands us to make our offering to Him, it is for at least three purposes.

First, it is to remind us that He is our first priority, and so He deserves our “first fruits,” to keep Him first in our minds and our hearts above all things. His primacy in our minds and hearts teaches us to order the other priorities in our lives correctly. The second is to teach us detachment from the things of this world. Through-out the Scriptures, He reminds us not to put our faith or hope or love into things (or priorities or philosophies) of this world. “Lay your treasure in heaven, for where your treasure is, so will your heart be.” And the third is to invest our hearts and our resources in the Church’s mission: to offer Him the sacrifice of worship He has given us to offer, and to share the grace and message of the Good News, that as He has loved us, so we should love Him, and one another.

God bless you and your families,
Fr. Kelley

  

Espanol

 

Estimadas familias y amigos de la parroquia St. Francis Xavier,

“Doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar.”

“Nadie me la quita; yo la doy porque quiero”, dice Jesús en nuestra lectura del Evangelio. ¿Qué es eso? Amor generoso. Darse a sí mismo. Dar con sacrificio. Dios nos da todo lo que Él es a nosotros. Él no sólo lo comparte, sino que Él lo pierde, Él lo entrega por nuestro bien. Piensen en los misterios dolorosos; Piensen en el viacrucis. ¿Cuál es nuestra respuesta? ¿Cuál es tu respuesta? ¿Qué podríamos hacer en respuesta, ante ese tipo de amor por nosotros?

 Se ha dicho: “El costo de la Cristianidad es simple. No es menos que todo”. No le debemos a Dios un porcentaje de nuestra vida, de nuestra existencia, de nuestra atención, de nuestro amor. Le debemos todo a Dios. No sólo porque Él lo dio todo por nosotros, sino porque lo único que tenemos de valor eterno es la salvación, y la salvación eterna de los demás. Y todo lo demás es como polvo en el viento. 

Cuando Dios nos pide (ordena) que hagamos algo, tiene múltiples dimensiones, más de las que muchas veces podemos saber, porque Él y Su intelecto, su Palabra, son infinitos. Cuando Él nos ordena que le hagamos nuestra ofrenda, es por al menos tres propósitos.

Primero, es para recordarnos que Él es nuestra primera prioridad y, por lo tanto, merece nuestros “primeros frutos”, para mantenerlo en primer lugar en nuestra mente y corazón por encima de todas las cosas. Su primacía en nuestra mente y corazón nos enseña a ordenar correctamente las demás prioridades de nuestra vida. Segundo, es enseñarnos a desapegarnos de las cosas de este mundo. A lo largo de las Escrituras, Él nos recuerda que no pongamos nuestra fe, esperanza o amor en las cosas (o prioridades o filosofías) de este mundo. “Acumulen tesoros en el cielo, porque donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón”. Y tercero es invertir nuestro corazón y nuestros recursos en la misión de la Iglesia: ofrecerle el sacrificio de adoración que Él nos ha dado para ofrecer, y compartir la gracia y el mensaje de la Buenas Noticias, que como Él nos amó, así también nosotros le amemos a Él, y a los demás.

Dios los bendiga a ustedes y a sus familias,

 Padre Kelley

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