Our Mission in the Church | Nuestra misión en la Iglesia
October 18, 2026
Dear parish family and friends,
This Sunday, Catholics throughout the world celebrate World Mission Sunday, a day set aside to remember that the Church is, by her very nature, missionary. This year marks a particularly significant milestone: the 100th World Mission Sunday, a celebration established by Pope Pius XI in 1926 to unite Catholics everywhere in prayer and support for the Church's missionary work.
Pope Leo XIV has chosen a beautiful theme for this centennial celebration: “One in Christ, United in Mission.” These words remind us that the Church is not simply a collection of individual parishes and dioceses, but one family of faith, united in Jesus Christ and entrusted with the same mission of proclaiming His Gospel.
When we think of missionaries, we often imagine priests, religious sisters, and laypeople serving in distant countries, sometimes under extraordinarily difficult circumstances. Indeed, throughout the world, missionaries are bringing the Gospel to communities where the Church is young, resources are scarce, and people face poverty, persecution, or isolation. They establish parishes, educate children, care for the sick, form future priests and catechists, and, above all, introduce people to the love of Jesus Christ.
Our Holy Father knows this missionary life firsthand. Before becoming Pope, Leo XIV spent many years serving as a missionary in Peru. In his message for this year's celebration, he recalls how the prayers and generosity of ordinary Catholics helped sustain his own missionary vocation and ministry. It is a powerful reminder that even when we cannot travel to distant lands ourselves, we can participate meaningfully in the Church's missionary work.
Yet World Mission Sunday also invites us to look closer to home. Every baptized Catholic is called to be a missionary. Our mission begins in our families, workplaces, neighborhoods, and parish community. In this regard I am so grateful for the ongoing blessing that Discovering Christ is for our parish – for as we look within it leads us to love and serve God and others.
Here at St. Francis Xavier, our English- and Spanish-speaking communities, our parish school, our religious education program, and our various ministries are all expressions of this one mission. Our diversity of backgrounds and experiences need not divide us; rather, united in Christ, we can become a stronger witness to His love.
As Pope Leo reminds us, the unity of the Church is not an end in itself. Jesus prayed that His disciples might be one “so that the world may believe” (John 17:21). Our unity is meant to draw others to Him.
On this World Mission Sunday, we must recall that the Church's mission is not something that belongs only to some in some other place. It belongs to every one of us too by virtue of our baptism. Since it is “more blessed to give than to receive” (Acts 20:35), may we never lose sight of the extraordinary privilege and responsibility of helping others come to know the love of Jesus Christ.
God bless your week – Fr. Marcoe
Español
Querida familia parroquial y amigos:
Este domingo, los católicos de todo el mundo celebramos el Domingo Mundial de las Misiones, un día dedicado a recordar que la Iglesia es, por su propia naturaleza, misionera. Este año celebramos un aniversario especialmente significativo: el centenario del Domingo Mundial de las Misiones, una celebración instituida por el Papa Pío XI en 1926 para unir a los católicos de todo el mundo en la oración y el apoyo a la labor misionera de la Iglesia.
El Papa León XIV ha elegido un hermoso lema para esta celebración del centenario: «Uno en Cristo, unidos en la misión». Estas palabras nos recuerdan que la Iglesia no es simplemente un conjunto de parroquias y diócesis individuales, sino una sola familia de fe, unida en Jesucristo y llamada a compartir la misma misión de anunciar su Evangelio.
Cuando pensamos en los misioneros, a menudo nos imaginamos a sacerdotes, religiosas y laicos que sirven en países lejanos, a veces en circunstancias extraordinariamente difíciles. De hecho, en todo el mundo, los misioneros llevan el Evangelio a comunidades donde la Iglesia es joven, los recursos son escasos y las personas enfrentan la pobreza, la persecución o el aislamiento. Establecen parroquias, educan a los niños, cuidan a los enfermos, forman a futuros sacerdotes y catequistas y, sobre todo, ayudan a las personas a conocer el amor de Jesucristo.
Nuestro Santo Padre conoce esta vida misionera por experiencia propia. Antes de ser elegido Papa, León XIV pasó muchos años sirviendo como misionero en el Perú. En su mensaje para la celebración de este año, recuerda cómo las oraciones y la generosidad de los católicos comunes ayudaron a sostener su propia vocación y ministerio misionero. Es un poderoso recordatorio de que, aun cuando no podamos viajar personalmente a tierras lejanas, podemos participar de manera significativa en la obra misionera de la Iglesia.
Sin embargo, el Domingo Mundial de las Misiones también nos invita a mirar más cerca de casa. Todo católico bautizado está llamado a ser misionero. Nuestra misión comienza en nuestras familias, lugares de trabajo, vecindarios y comunidad parroquial.
Aquí, en San Francisco Javier, nuestras comunidades de habla inglesa y española, nuestra escuela parroquial, nuestro programa de educación religiosa y nuestros diversos ministerios son expresiones de esta única misión. Nuestra diversidad de orígenes y experiencias no tiene por qué dividirnos; al contrario, unidos en Cristo, podemos dar un testimonio más fuerte de su amor.
Como nos recuerda el Papa León, la unidad de la Iglesia no es un fin en sí misma. Jesús oró para que sus discípulos fueran uno, «para que el mundo crea» (Juan 17, 21). Nuestra unidad tiene como propósito atraer a los demás hacia Él.
En este Domingo Mundial de las Misiones, debemos recordar que la misión de la Iglesia no es algo que corresponda solamente a ciertas personas en algún lugar lejano. También nos corresponde a cada uno de nosotros en virtud de nuestro bautismo. Puesto que «hay más alegría en dar que en recibir» (Hechos 20, 35), que nunca perdamos de vista el extraordinario privilegio y la responsabilidad que tenemos de ayudar a los demás a conocer el amor de Jesucristo.
Que Dios bendiga tu semana – Padre Marcoe
