Using Technology in Alignment With Our Faith | El uso de la tecnología en consonancia con nuestra fe
October 25, 2026
Dear parish family and friends,
Earlier this year, Pope Leo XIV released his first encyclical, Magnifica Humanitas (“Magnificent Humanity”), addressing one of the most significant developments of our time: artificial intelligence and its impact on human life.
At first glance, we might wonder why the Pope would devote an encyclical to technology. After all, shouldn't the Church be concerned primarily with matters of faith and morality? But that is precisely the point. Technology is changing how we work, communicate, learn, and relate to one another. And whenever something affects the dignity of the human person, the Church has something important to say.
The Holy Father reminds us of a fundamental truth of our Catholic faith: every human being is created in the image and likeness of God. Our dignity does not come from our intelligence, productivity, wealth, or accomplishments. It comes from God Himself. Nothing we invent, no matter how sophisticated, can replace the unique value of a human person.
Pope Leo is not opposed to technological progress. Artificial intelligence offers extraordinary possibilities in medicine, education, scientific research, and countless other fields. Used properly, it can improve lives and serve the common good. But the Pope also warns that technology must always remain at the service of humanity, rather than humanity becoming subordinate to technology.
This is particularly important when we consider our children and young people. At St. Francis Xavier Catholic School (SFXCS), we strive to do more than simply communicate information. Catholic education seeks to form the whole person: intellectually, morally, spiritually, and socially. No computer or artificial intelligence program can replace the personal relationships, moral formation, and witness of faith that are essential to genuine education.
The same principle applies to our daily lives. We can communicate instantly with someone thousands of miles away, yet sometimes struggle to give our full attention to the person sitting across the dinner table. We have unprecedented access to information, but information alone does not make us wise. And so, one of the great areas I see a need for in society at large today is emotional empathy, or what we as Catholics might refer to as “wisdom of the heart”. At SFXCS, we are seeking more and more to make this a part of our experiential curriculum.
Ultimately, Magnifica Humanitas challenges us to consider a simple but profound question: Just because we have the technological ability to do something, does that necessarily mean we should?
As Christians, our measure of progress must never be merely what technology makes possible. Rather, we must ask whether our choices help us love God more faithfully, respect the dignity of others, and build a more just and compassionate society.
Technology will continue to advance, probably faster than any of us can imagine. But one truth will never change: our greatest dignity is found not in what we can create, but in the God who created us, loves us, and calls us to eternal life with Him.
God bless your week – Fr. Marcoe
Español
Querida familia parroquial y amigos:
A principios de este año, el Papa León XIV publicó su primera encíclica, Magnifica Humanitas (“Humanidad Magnífica”), en la que aborda uno de los avances más significativos de nuestro tiempo: la inteligencia artificial y su impacto en la vida humana.
A primera vista, podríamos preguntarnos por qué el Papa dedicaría una encíclica a la tecnología. Después de todo, ¿no debería la Iglesia preocuparse principalmente por cuestiones de fe y moral? Pero precisamente ese es el punto. La tecnología está transformando nuestra manera de trabajar, comunicarnos, aprender y relacionarnos unos con otros. Y siempre que algo afecta la dignidad de la persona humana, la Iglesia tiene algo importante que decir.
El Santo Padre nos recuerda una verdad fundamental de nuestra fe católica: todo ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Nuestra dignidad no proviene de nuestra inteligencia, productividad, riqueza o logros personales. Proviene de Dios mismo. Nada de lo que inventemos, por muy sofisticado que sea, puede reemplazar el valor único de una persona humana.
El Papa León no se opone al progreso tecnológico. La inteligencia artificial ofrece posibilidades extraordinarias en la medicina, la educación, la investigación científica y muchos otros campos. Utilizada adecuadamente, puede mejorar la vida de las personas y servir al bien común. Sin embargo, el Papa también nos advierte que la tecnología debe permanecer siempre al servicio de la humanidad, y no que la humanidad termine subordinada a la tecnología.
Esto es especialmente importante cuando pensamos en nuestros niños y jóvenes. En la Escuela Católica de San Francisco Javier (SFXCS), nos esforzamos por hacer mucho más que simplemente transmitir información. La educación católica busca formar a la persona integralmente: en lo intelectual, moral, espiritual y social. Ninguna computadora ni programa de inteligencia artificial puede reemplazar las relaciones personales, la formación moral y el testimonio de fe que son esenciales.
El mismo principio se aplica a nuestra vida cotidiana. Podemos comunicarnos instantáneamente con alguien que se encuentra a miles de kilómetros de distancia y, sin embargo, a veces nos cuesta prestar toda nuestra atención a la persona que está sentada frente a nosotros en la mesa. Tenemos un acceso a la información como nunca antes en la historia, pero la información por sí sola no nos hace sabios.
Por eso, considero que una de las grandes necesidades de nuestra sociedad actual es cultivar la empatía emocional, o lo que nosotros, como católicos, podríamos llamar la “sabiduría del corazón”. En SFXCS, estamos procurando incorporar cada vez más esta dimensión a nuestro programa educativo mediante experiencias concretas de aprendizaje.
Como cristianos, nuestra medida del progreso nunca debe limitarse simplemente a lo que la tecnología hace posible. Más bien, debemos preguntarnos si nuestras decisiones nos ayudan a amar a Dios con mayor fidelidad, respetar la dignidad de los demás y construir una sociedad más justa y compasiva.
La tecnología seguirá avanzando, probablemente más rápido de lo que cualquiera de nosotros pueda imaginar. Pero hay una verdad que nunca cambiará: nuestra mayor dignidad no se encuentra en lo que somos capaces de crear, sino en Dios, quien nos creó, nos ama y nos llama a compartir Su vida.
Que Dios bendiga su semana. P. Marcoe
